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“Me ahogo en mi vida familiar”

Nos hemos acostumbrado a escuchar confidencias como ésta: «¡Estoy en crisis, no puedo más!, no encuentro sentido a mi vida familiar, me ahogo en un matrimonio, que no merece la pena y me pregunto cómo he llegado hasta aquí. He aguantado estos años por los niños pero he llegado a un punto en el que lo mejor es romper, porque esto no es vida».

La respuesta que con mucha probabilidad se le ofrecerá a una persona en esta situación es la siguiente: «¡Pero cómo puedes estar así!; ¡Libérate de lo que te está agobiando, quítate de encima lo que te impide realizarte!; ¡Lo importante es ser feliz, y si no lo eres, debes rehacer tu vida! Ya ves que es lo más normal, a casi todo el mundo le pasa. Y por los niños no te preocupes, porque más vale una separación civilizada que una mala convivencia».

Lo que me gustaría plantear es: ante una situación de crisis matrimonial o familiar ¿cabe una respuesta distinta a la ruptura? Y, sobre todo, ¿se puede vivir la vida familiar de otra manera? La respuesta es, claramente, ¡sí!: sí, la vida familiar se puede y debe vivir de modo feliz. Ciertamente, como en toda relación y toda convivencia, habrá dificultades: pero la tónica general debe ser de felicidad. Felicidad que no debemos confundir con sentimiento de euforia: en palabras de un gran sabio, “amar a alguien es desear su bien”; y ayudar a sacar todo lo bueno que hay en las personas que amamos, muchas veces no será fácil ni cómodo. Y aquí podremos encontrarnos con desánimos y dificultades. Pero no caigamos en el error de identificar “dificultad” con “motivo para romper”: son cosas distintas. Las dificultades se pueden solucionar y superar y, generalmente, una vez superadas ayudan a reforzar las relaciones. Si no podemos solucionar por nosotros mismos lo que está fastidiando nuestra vida de familia, no tengamos miedo de pedir ayuda. En esto, como en tantos otros aspectos de la vida, cuanto antes se toman medidas, más fácil es que funcionen.

 María Álvarez de las Asturias

Instituto Coincidir



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