Ignoring, una nueva realidad en los colegios | Instituto Coincidir
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Ignoring, una nueva realidad en los colegios

Una de las palabras que más ha sido utilizada en la última década en la comunidad educativa es la del bullying.

Sin duda se trata de una realidad terrible que sufren en alguno de sus formatos más personas de las que cabría imaginar. No obstante, me gustaría llamar la atención sobre otra realidad que se vive en los centros escolares con cada vez mayor evidencia. Podríamos denominarlo ignoring.

Ignoring, cada vez más presente entre los jóvenes

Es mucho más sencillo y puede que más sutil que el bullying. Mientras que el segundo requiere de una participación activa de uno o más miembros en contra de un tercero, el ignoring no precisa de casi ningún esfuerzo. Tan sólo se requiere una total y absoluta pasividad e indiferencia respecto a la existencia de otra persona.

En ocasiones, ambos términos pueden llegar a confundirse o combinarse. Generalmente, el ignoring viene precedido de un episodio o etapa en la que ese niño ha sido abiertamente rechazado o atacado por parte o la totalidad del grupo, teniendo como posible resultado la “etiquetación” del alumno víctima con distintivos como “pringado”, “rarito” o “acoplado”, generando en la “inconsciencia” colectiva un rechazo cada vez más subliminal hacia este alumno, hasta que únicamente se transforme en un ente, por lo general taciturno, solitario y triste.

Este mismo alumno, fuera del recinto escolar, puede gozar de una vida normal, donde sea querido, apreciado, reconocido y valorado por sus familias o por otros amigos. Sin embargo, se trata de un escaso consuelo que brindar a alguien que, hasta los 18 años, habrá de pasar unas ocho horas diarias en el colegio.

Trabajando y estudiando esta triste realidad en la orientación de jóvenes y adolescentes, uno quisiera poder tocar un botón y dar el problema por solucionado. No obstante, no tiene una solución tan básica. Se trata más bien, dado que es una dinámica que tiene lugar en la consciencia colectiva de ese grupo, de realizar una profunda transformación intrínseca de esas conciencias. Naturalmente, esto no resulta tan sencillo.

Es por ello que es necesario de la participación de toda la comunidad educativa para erradicar este fenómeno. Padres, profesores, educadores: enseñemos a nuestros niños y jóvenes a no etiquetar, juzgar o rechazar al diferente. Vivimos en una realidad cada vez más plural, donde todo individuo merece el mismo respeto y consideración. Nadie merece ser rechazado por ser quien es. Se pueden criticar o rechazar ideas o conductas, pero jamás deberíamos condenar a una persona a sobrevivir en un estado de anulación. Enseñémosles a apreciar las diferencias y a valorarlas como riquezas y no como estigmas o barreras.

Y a estos niños o jóvenes que son ignorados, hagámosles saber que apreciamos que estén ahí. Empoderémosles, sin victimizarlos o contribuir a su aislamiento. Cada uno de nosotros es extraordinariamente único. Reforcemos estos mensajes, y reforzaremos la calidad educativa y humana de la sociedad del mañana.

Miguel Valentín-Gamazo

Psicólogo y orientador escolar



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