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Formación e intervención, dos caras de la misma moneda

–        María ¿podemos llamar a Coincidir si necesitamos ayuda?

–        ¡Sí, claro!

–        ¡Muchas gracias! Es que a veces sólo se ofrece formación y nosotros necesitaríamos consejo y ayuda para cambiar algunas cosas….

Esta breve conversación con un joven matrimonio a la salida de una charla sobre educación de niños de primaria me devolvió de golpe a unos cuantos años atrás: madre joven de niños pequeños, escuchando atentamente y tomando notas de todo lo que el ponente (magnífico, por otra parte) explicaba sobre lo que tienen que haber aprendido los niños a determinada edad, las consecuencias positivas de que lo hayan aprendido y las negativas de que no lo hayan hecho…. Y aquí, el susto: ¡hay muchas de estas cosas que mis niños no hacen!; y la preocupación: ¿lo estaremos haciendo fatal? ¿Tendrá remedio o no? ¿A quién podemos preguntar y pedir que nos eche una mano?

Por suerte, mi marido y yo siempre hemos tenido a nuestro lado una ayuda extraordinaria: alguien bueno y sensatísimo, cercano, amable, disponible y sabio; dispuesto a escuchar las cosas graves pero también las que tal vez no sean importantes pero preocupan (sin reírse de los miedos infundados, que para el que los vive no tienen ninguna gracia y causan gran inquietud) y a aclarar dudas, aconsejar, ayudar a tomar decisiones, sostener en el camino previamente decidido sin dejar que las dudas (¡ay, siempre la inseguridad y las dudas!) nos desviaran de lo que habíamos decidido de forma razonable. Y siempre mostrando que el camino de la educación (y, en definitiva, del amor) es un recorrido a largo plazo: que siembras y, aunque muchas veces parece que no sirve para nada, el fruto acaba por llegar.

No todo el mundo tiene la suerte de contar con un apoyo así. Por eso, al poner en marcha Coincidir tenía claro que formación y posibilidad de recibir ayuda debían ir de la mano: las personas que te escuchan en una sesión de formación pueden salir con dudas (esto no lo sabía y no sé cómo hacerlo; esto podría mejorarlo; ¿sería bueno cambiar la forma en que hacemos esto otro?…) y, si has suscitado esas dudas, tienes que dar respuesta. Si ante tu explicación una persona te dice ¿me ayudas a hacer lo que propones? no puedes decirle: no, busca tú la forma de hacerlo; porque has suscitado una inquietud por mejorar y esa persona no se encuentra capaz de hacerlo sola, necesita que la ayudes.

Y al contrario: en una sesión de orientación o mediación, muchas veces se ve que a esas personas les ayudaría a superar dificultades o resolver conflictos mejorar su formación en el aspecto concreto que les está causando dificultades (comunicación de pareja o con sus hijos; herramientas para abordar las distintas etapas del crecimiento de los hijos; cómo crear hábitos de estudio, orden, obediencia…) y hay que recomendar y proporcionar esa formación que completa y mejora la consulta de orientación/mediación. Por eso, para nosotros, formación e intervención son dos aspectos unidos, interrelacionados y complementarios.

 

María Alvarez de las Asturias

Instituto Coincidir