El paro: uno más de la familia - Instituto Coincidir
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El paro: uno más de la familia

Ya podéis leer el artículo que hemos publicado en la colaboración que hacemos en la revista Hacer Familia:

Un reciente estudio de Unicef desglosa los datos de pobreza infantil en nuestro país:

  • El 13,7% de los menores de 18 años viven en España en un nivel de pobreza alta.
  • Las familias españolas redujeron el consumo energético en casa en un 70% y cambiaron en un 40%
  • sus costumbres en materia de alimentación.
  • El 37% de familias con menores no tienen capacidad para afrontar gastos imprevistos.
  • El 41,2% de las familias con niños no pueden permitirse una semana de vacaciones al año fuera de
  • su hogar habitual.
  • El 22,6% de los niños españoles vive en hogares con goteras, humedades en las paredes o podredumbre en suelos, marcos de ventanas o puertas.

Las familias son sistemas dinámicos, es decir, su funcionamiento no se mantiene siempre igual. Una familia saludable es aquélla que tiene la suficiente flexibilidad y capacidad de adaptación para amoldarse a las nuevas situaciones que la vida le trae.

A lo largo de la historia de la familia van desapareciendo crisis que movilizan y, si éstas se superan, les hacen evolucionar como núcleo familiar. Una crisis aparece porque la forma de comportarnos, que hasta ahora funcionaba bien, deja de ser válida en la nueva situación y nos reclama un cambio. Por tanto, las crisis son oportunidades para evolucionar y crecer, ya que nos brinda la posibilidad de sacar recursos de nosotros mismos que podían estar ocultos. En las familias hay varias crisis que se llaman normativas, es decir, que se dan en todas las familias; por ejemplo el nacimiento de un primer hijo, cuando los hijos empiezan la escolaridad, la etapa de hijos adolescentes, cuando los hijos crecen y se van de casa…Todas estas situaciones hacen que la dinámica familiar requiera de cambios respecto a la etapa anterior y, en general, las familias consiguen readaptarse a las nuevas necesidades de cada momento.

Además de estas crisis normativas, en algunas familias surgen crisis no normativas, como es el caso de la aparición de un miembro enfermo en casa, la muerte de uno de los cónyuges, el hecho de que uno de los miembros del matrimonio o ambos se queden en paro (en España hay ya más de 760.000 hogares con niños en los que ningún adulto trabaja)… Son acontecimientos que van a repercutir en las relaciones familiares y es necesario saber afrontar dichas situaciones, para que no anule a la familia como el contexto que propicia el amor y crecimiento de sus miembros.
En concreto, queremos profundizar en cómo afecta la pérdida del empleo de alguno de los cónyuges en la dinámica familiar. Esta situación puede vivirse como una auténtica crisis pero como dice Alejandro Navas, profesor de sociología de la Universidad de Navarra “toda crisis es una oportunidad de cambio que obliga a rehacer vidas, a recomponer escenarios, a rectificar”.

Un primer e inmediato efecto es la reducción de ingresos con la consiguiente dificultad económica. Este hecho repercute directamente en el estilo de vida familiar. A partir de ahora, será necesario renunciar a una serie de gastos que antes podían permitirse y ello incluye su tiempo de ocio, cómo se plantean las actividades del día a día, las cosas que pueden y no pueden hacer van a variar… Aquí puede aparecer un primer problema y es si ambos miembros de la pareja están de acuerdo en qué gastos son superfluos y en qué otras cosas se puede recortar. Será necesario sentarse a dialogar y consensuar de dónde reducir gastos.

Un segundo punto a consensuar en pareja es pensar qué vamos a hacer para conseguir los ingresos necesarios para afrontar los gastos necesarios y fijos (hipoteca, alimentación, los hijos…). Es necesario que la pareja hable de temas como buscar y aceptar trabajos que requieran menos formación de la que tienen o seguir apostando por su profesión; si van a buscar empleo para ambos miembros de la pareja o prefieren que uno de ellos se encargue de los niños; si pedir un préstamo al banco o a familiares o amigos…

Además del plano económico, el hecho de que un miembro no tenga que ir a trabajar trastoca la vida familiar en cuanto a horarios y estilo de vida de sus miembros. Esto repercute en la organización familiar. Es necesario para la salud mental de la persona en paro que se establezca un horario estructurado con obligaciones que le hagan sentirse útil y que vea su tiempo como algo productivo y enriquecedor. Además, esta mayor disponibilidad de tiempo puede ser una ventaja para la familia, por ejemplo puede ser una oportunidad para pasar más tiempo con los niños o el cónyuge.
El primer impacto en la persona que ha perdido el empleo puede ser bastante doloroso y generar bastante incertidumbre. Hace falta un tiempo para desahogar los sentimientos desagradables y luego reanudar el vuelo, intentando construir un pensamiento positivo y reconciliador con lo que ha pasado.

La impotencia, la frustración, la inseguridad y tensión de la situación puede generar en los cónyuges conductas que deterioren su relación. El miembro de la pareja que se ha quedado en paro puede ver resentida su valía y autoestima. Para entender el porqué esto ocurre, es necesario que sepamos que el empleo aporta una identidad a la persona, le permite desarrollar un rol útil dentro de la sociedad, implica contacto con personas ajenas al núcleo familiar, vincula al individuo con metas y propósitos y aporta desarrollo personal. Y todo eso lo pierde en un primer momento cuando pierde su puesto de trabajo. Además pueden surgirle sentimientos de vergüenza, fracaso, culpa…Todos estos sentimientos, si no se manejan adecuadamente, pueden llevar a la persona a apatía, depresión e incluso a expresar todo este malestar con agresividad en sus relaciones, como expresión del sufrimiento y la frustración interna. Estas actitudes tienen consecuencias en el ambiente familiar, afectan a la comunicación con la pareja y con los hijos y puede llevar a un distanciamiento afectivo. Por eso, es importante expresar los sentimientos, pero no enterrarse en ellos. Hay que ser realista y ver las cosas como son, pero no exagerar o dramatizar.

La actitud del miembro de la pareja que tiene trabajo también es importante en cómo se resuelve esta crisis. Algunas actitudes que no ayudan serían por ejemplo los reproches y echarle la culpa por el des- pido o por no encontrar trabajo; o buscar recursos económicos por su cuenta, por ejemplo pidiendo dinero a su familia de origen sin consultarlo con el otro miembro de la pareja, porque puede sentirse herido si actuamos a sus espaldas.

 

Cómo decírselo y explicárselo a nuestros hijos

Los hijos son muy sensibles y perciben enseguida los cambios en el ambiente de la familia. Cuando el des- empleo afecta a la familia, es natural querer proteger a los niños y con esta intención, podemos pensar que es mejor no decirles nada, pero lo más probable es que se den cuenta de que algo ocurre. Si no tienen una explicación para los cambios, les va a provocar mayor incertidumbre y pueden llegar a encontrar explicaciones erróneas, como que ellos son los culpables de lo que está pasando.

Adecuando el lenguaje a su edad, podemos aproximarles a la normalidad de esta situación hoy en día y explicarles las repercusiones que puede tener en el nuevo estilo de vida de la familia, sin dramatizar. Los niños suelen tener miedo a lo desconocido, pero estarán más tranquilos si les explicamos qué ha pasado, qué va a pasar en este tiempo y un porqué adecuado. Por ejemplo, explicarles que cíclicamente en la sociedad aparece una crisis que lleva a que las empresas tengan menos dinero y puedan contratar a menos gente y por ello, algunos papás tienen que quedarse sin trabajo de forma temporal; en algunas personas ese tiempo es más corto y en otras más largo. Contarles que este hecho hace que puedan comprar menos cosas y explicarles los cambios que en ese sentido va a haber en casa. Y también transmitirles que, aunque haya menos dinero en casa, no les va a faltar el cariño. Los niños necesitan seguridad, por eso se debe evitar discutir de cuestiones económicas delante de ellos, sí se les puede involucrar -dependiendo de las edades- en la economía familiar de tal manera que ellos mismos sean los que aporten ideas de cómo ahorrar, mostrándose participativos en la casa y haciéndoles sentir útiles.

Hacerles ver también la parte positiva de esta nueva circunstancia, por ejemplo ahora podrán pasar más tiempo con el padre o la madre al que antes no tenían tan disponible y que ahora podrá ir a buscarles al colegio, comer con ellos, ayudarles con los deberes…Es importante, que además de explicárselo, les dejemos también hablar a ellos, que hagan preguntas sobre sus dudas y preocupaciones. Todo esto para que ellos entiendan lo que está pasando y tengan la seguridad de que sus papás controlan la situación. También es importante que comprendan lo que está pasando porque puede que en el colegio sus compañeros les hagan preguntas y a ellos les va a dar tranquilidad saber explicarles con seguridad qué está pasando en su casa.

Hoy en día hay cuentos sobre este tema que pueden ayudar a explicar esta realidad a nuestros hijos, por ejemplo un comic titulado “¿Y tu padre no trabaja?” de Josep Ignasi Gras y Yolanda Portolés.

 

Algunas recomendaciones:

 

  • No perder la perspectiva de que la familia es un equipo y los miembros tienen que apoyarse mutua- mente, no competir o recriminar, sino colaborar y apoyar.
  • Priorizar objetivos a corto y medio plazo y buscar estrategias para ir avanzando en ellos.
  • Planear bien los gastos, negociar los recortes y aprender a ser creativo en cómo cubrir las necesidades básicas y sociales con menos dinero.
  • Programarse una agenda diaria con actividades en forma de obligaciones que sustituyan una jornada laboral. Se trata de romper la inactividad y el aislamiento.
  • Mimar la autoestima siendo realista en ver qué factores en la búsqueda de empleo dependen de uno mismo y saber que hay otros que se nos escapan, y no cuestionan la valía personal.
  • Puede ser un buen momento para reinventarse. El rol laboral daba identidad a la persona y ahora se trata de buscar nuevos roles que ayuden a la persona a desarrollarse, buscar nuevas ocupaciones que lleven a la persona a sentirse competente.
  • No perder su vinculación con una red social de apoyo: familia, amigos, conocer gente nueva…
  • La pérdida de lo material puede abrir la puerta a lo humano. Y pueden llegar a sentir que, durante una situación difícil, se está cerca de los demás y se cuenta con su apoyo.
  • Aprovechar este momento para liberarse y sentir- se más libre ante el bombardeo de necesidades irreales que esta sociedad consumista nos impone, y empezar a valorar más lo que verdaderamente importa, como es una familia unida también en las dificultades.
  • También puede ser una oportunidad de crecimiento en la comunicación en familia. Hablar y compartir tiempo con nuestros hijos y darles la sensación de unidad familiar y cariño también en las dificultades. Eso les aporta una enseñanza muy valiosa.
  • Cuidar que la impotencia, frustración y sentimientos desagradables no lleven a la cadena de reproches dentro de la familia, sino fomentar la expresión de la afectividad con la familia.
  • Tratar de mantener una actitud positiva, dando más peso a las ventajas de la situación, aun siendo realista. Luchar por ver lo positivo y convencerse de que esta circunstancia es algo temporal y pasajero; aunque no sabemos el tiempo que durará, acabará.

 

Esther Arnáiz Beltrán
Psicológa
www.coincidir.es

 

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