Aprender a discutir: armonizar las diferencias - Instituto Coincidir
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Aprender a discutir: armonizar las diferencias

Hemos nacido para ser felices y la clave está en amar y ser amados.

En la mayoría de las personas ese amor se concreta en una persona con la que decidimos comprometernos iniciando un proyecto de vida en común, un matrimonio.

Pero un proyecto de vida por bueno que sea no garantiza que lo proyectado se cumpla, requiere esfuerzo, compartir tiempo, buscar momentos de intimidad, comunicarse, quererse, tener detalles. Salir del yo para ser un nosotros, hablar de deseos y necesidades, ser sinceros.

La clave para lograrlo es aprender a  comunicarse.

A veces no se cumplen las expectativas que se tenían en la relación, quizás porque no se conocen bien  o porque no se han sabido transmitir al otro, lo que genera frustración, llegando a producirse verdaderos desencuentros, silencios o discusiones..

Los esposos necesitan armonizar muchas cosas ( caracteres, costumbres, criterios en la toma de decisiones tales como trabajo, gastos, educación, hijos, reparto de tareas, proyectos, etc…)

No se trata de suprimir las diferencias, sino saber armonizarlas ( como cuando se toca una melodía de una partitura, las notas están ahí, pero hay que saber tocarlas para que suene la melodía). Por eso es necesario dialogar de forma habitual y aprender a discutir.

Y esto… ¿cómo se hace? aprendiendo a decir las cosas, (qué decir, cómo decirlo y cuando decirlo), pero sobretodo sabiendo  escuchar, a veces es más importante escuchar que hablar.

Conociéndonos nosotros, sabiendo nuestras limitaciones y conociendo a nuestra pareja, sabiendo las suyas, para no pedir más de lo que el otro me puede dar, compartiendo tiempos, sabiendo que somos diferentes pero complementarios.

Aceptando el cambio que va trayendo la propia vida, a veces generando conflictos, crisis, pero viendo estas circunstancias como oportunidades para adaptarnos a las necesidades que tenemos en ese momento concreto y reajustando expectativas. Viendo esas situaciones no como algo negativo sino como una oportunidad para crecer en nuestra relación, como una crisis de crecimiento, como una crisis evolutiva de la propia persona y de mi proyecto de vida en común.

Saber decir las cosas con cariño, con respeto, para construir, saber escuchar, saber pedir perdón y perdonar. Dedicándonos tiempo.

Superar la visión idealizada de la relación conyugal que considera el matrimonio como una prolongación de la etapa de enamoramiento y acrecentar y actualizar el amor con el paso del tiempo.

Estrenar el amor cada mañana construyendo un hogar en positivo.

Blindarnos como pareja, siendo equipo, ilusionándonos con el reto que cada día nos trae, siendo conscientes y creyendo que nuestra familia es nuestro mejor equipo, porque lo hemos creado nosotros y por supuesto hacer juntos el camino de hacerse mayores.



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